ORACIÓN FÚNEBRE POR UN PRESO DE FYFFES

(A la memoria de Antonio García)

Nos citábamos los sábados y domingos a media mañana en el Estanco Blanca o en la panadería contigua de la calle Margallo, en San Benito, La Laguna. Nuestro tema de conversación preferido era la II República, la Guerra Civil, y la posguerra, período en los que sufrió durante ocho años represión, trabajos forzados y cautiverio en los campos de concentración de Fyffes (Santa Cruz de Tenerife), Rota (Cadiz), Ceuta, y Miranda de Ebro, el mayor campo de concentración creado por el franquismo. Hombre sencillo, humilde, bondadoso y bueno en el sentido más amplio de la palabra, como se definió Antonio Machado. Ni una sola palabra que destilara el más mínimo rencor o resentimiento contra sus verdugos. Un sábado por la mañana le llevé a dar un paseo en mi coche por la Laguna para que oyera el último discurso de Azaña, con su propia voz recuperada, pronunciado el 18 de julio de 1936 en el Ayuntamiento de Barcelona, en el que terminó con aquellas hermosas y famosas tres P: “ Paz, Perdón Piedad”. Al oírlo, don Antonio lloró de emoción y me dijo que había perdonado de corazón a los que le persiguieron y encarcelaron. En nuestras entrevistas siempre aparecía con una carpeta bajo el brazo con sus poemas, fotos de su juventud, con su esposa Concepción, con sus hijos y nietos, de cuyos estudios y progresos profesionales se sentía orgulloso.

Hace pocos meses me comunicó que había fallecido su mujer, a la que amó profundamente y con la que compartió durante toda una vida los sufrimientos y los días alegres de su azarosa existencia. Abatido y triste por la ausencia de su compañera, llegó a decirme que “estaba cansado de si mimo”. En Fyffes se relacionó con algunos de los intelectuales y escritores más destacados de la cultura y política canaria: entre otros, Don Jacinto Alzola, del que fue alumno, el esperantista Juan Régulo, el abogado palmero Alonso Pérez Díaz, el escritor J.Antonio Rial, autor de “La prisión de Fyffes”, recientemente fallecido en Venezuela, los cuales organizaban clases de alfabetización y cultura general para los presos, quienes bautizaron dicha prisión como “La Universidad de Fyffes”. Inquieto intelectualmente, amante de la poesía y apasionado por la cultura, don Antonio, ya mayor, inició estudios de Magisterio y de Pedagogía en la Universidad de la Laguna.

Esta mañana, al entrar en el Estanco Blanca para comprar el periódico, me comunicaron que había fallecido hacia unas horas. Recordé en ese momento que en nuestra última conversación le hable de mi viaje a Alicante para formar parte de la Comisión Cívica para la recuperación de la memoria histórica del poeta Miguel Hernández en su centenario. Resonaron en mi memoria y en mi corazón aquellos versos de la Elegía del poeta del pueblo a su amigo Ramón Sijé. “un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado….., compañero del alma tan temprano”. De los presos de Fyffes que he conocido y tratado, solo queda mi paisano, el herreño Domingo Ortiz, a quien deseo larga vida.

Al llegar a mi casa rebusque entre los papeles que me regalaba don Antonio, que guardo como una joya, y encontré un hermoso y largo poema suyo titulado “El día que me muera”, que empieza así:

“Cuando yo me muera

que sea en primavera

y que sea de día

con un cielo limpio

sobre verdes campos,

con flores y trinos

de pájaros libres:

con cantos de niños,

aromas de flores

de amores primeros”.

Esta mañana lucía el sol en un cielo limpio y con el fresco recobrado del estío lagunero. Esta tarde, cuando vaya a velar su cuerpo acompañado por Domigo Ortiz, su compañero de infortunio, me dirá, como el poeta pastor: “Escríbele a la tierra, que yo te escribiré”, y yo le contestaré, como hizo Alfonso Guerra en un reciente homenaje al escultor canario Felo Monzón, con el texto de una lápida romana de las termas de Caracalla: “En invierno y en verano, cerca y lejos, mientras viva y después”.

ELIGIO HERNANDEZ

Vicepresidente de la Fundación Juan Negrin

LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, CAPITAL CULTURAL DE TERCERA

Me gusta esta ciudad a la cual pretenden, sobreponer el nombre de "Capital Cultural Europea", ¡menos mal, que nos encontramos al lado de África, que si no, me lo terminaba hasta creyendo y todo!. Para mí una ciudad que intenta ser capital cultural debe facilitar a sus ciudadanos el acceso a la misma y no limitar con calles peatonales el tránsito y aparcamientos libres, recondiciendo el tráfico hacia zonas de parking donde te clavan mas de 8 € por estacionar tu vehículo durante la mañana para ir a consultar uno de los archivos que se encuentran en la zona, ¡ y esto fue por ir a Vegueta, lugar emblemático según los dirigentes capitalinos!.

Y por otro lado deberían supervisar las obras que se están llevando a cabo en la calle Obispo Codina, ya que todavía no han terminado de colocar los adoquines y las placas en el suelo y ya están rotas, partidas y reparadas algunas de ellas ¡ni que llevaran diez años de puesta! ¡ Vaya una ciudad de tercera!.

Me gustaría además recordar al consistorio capitalino que una ciudad cultural no lo es por recordar parte de su historia, sino por recordar toda en su integridad para bien o para mal, pero toda. Me refiero a la historia del municipio de San Lorenzo, la cual omiten en la página web del consistorio capitalino y por supuesto en la candidatura propuesta. Por mucho que el consistorio no quiera ganarían mucho culturalmente, ya que al devenir de los tiempos u unido a las diferentes corporaciones que han ido esquilmando mucho de los tesoros de dicha zona. Me gustaría por ejemplo que en el Castillo de Mata se creara un archivo histórico militar (o como mínimo un museo de la historia de Las Palmas de Gran Canaria), ya que en la actualidad para consultar documentación de este tipo hay que trasladarse hasta Tenerife o peor aún a lugares recónditos de la Península, ¡y hablo de la historia militar Canaria!.

¿Por qué en vez de centrarnos tanto en ser una capital europea de la cultura sobre papel mojado, no luchamos porque nuestros jóvenes obtengan mas becas de I+D+I, o para que el parque de Santa Catalina, nuestro vetusto parque, se transforme por ejemplo en algo parecido a la plaza de los pintores de París? Y qúe me dicen de San Telmo, ¿no sería agradable que se pareciera a una rambla en la que durante todo el año puedas comprar y vender libros usados o descatalogados a precios módicos o realizar diferentes tipos de ferias en él como las de coleccionistas...?, ¿no es eso también cultura, para una ciudad abierta al mar y que por tanto puede convertirse en el espacio perfecto para intercambio cultural?

Pero esto último no significa perder nuestras raíces por que lo de fuera sea mejor o peor y lo digo por que cuando vamos a París comemos la carne como la comen ellos, y los platos como lo preparan ellos, o Marruecos por no hablar de China o Japón, etc...,¿ Por qué nuestro potaje de berros es menor o nuestras famosas papas arrugadas o el sancocho de pescado simplemente por es canario, o el gofio, queso...? En ninguna de las degustaciones a la que he tenido el placer de asistir he visto nada de esto.

Repito estamos mas cerca de una capital de la cultura de tercera categoría antes que europea, ni creamos nuevas ideas a los problemas de la capital, ni creamos empleo ni damos solución a quienes lo están pasando mal por la crisis ni nuestras supuestos avances tecnológicos que deberían facilitarnos la vida son tales por que ni siquiera Internet nos llega a todos como debería, y aún menos la TDT; desde que pases los grandes núcleos poblacionales ya te puedes olvidar de este medio de comunicación de última generación.

¿Tendremos alguna vez la capital que nos merecemos?¿O ya la tenemos?

Domingo M. Guerra Hernández